lunes, julio 07, 2008

El Lago de los deseos


Sofía tenía el corazón roto. Esa relación por la que tanto había apostado hacía aguas desde hacía demasiado tiempo y ya ni siquiera era capaz de recordar en qué momento de su vida había mandado a su dignidad a paseo y había dejado que se instalara aquel ir y venir de tortura y desamor.

Blanca había pasado por algo parecido, por eso sabía cómo aconsejarla y estaba empeñada en ayudar a su amiga a salir de aquel bache. Habían quedado en pasar el día juntas y Blanca le había propuesto “deshacerse” de su verdugo de un modo espiritual, mediante un "ritual de alejamiento".

- Tráete una foto de él. Vamos a mandarlo bien lejos de tu vida para que no te pueda atormentar nunca más.

Hacía un par de meses que no se veían por culpa del trabajo y las obligaciones. Se abrazaron y se hicieron fiestas durante un buen rato antes de ponerse en faena.

- He pensado que podemos ir a pasar el día a Valmayor. El campo está precioso y creo que es un buen lugar para conectar con tu “yo interno”. Podemos comer allí y de paso tomamos un poco el sol.

Se instalaron en una zona arenosa, una playita de agua dulce con las montañas coronadas de nieve enmarcando el contorno del lago.

En seguida se pusieron en situación. Sofía tumbada boca arriba dejó que su amiga equilibrara sus chakras. Sintió cosquilleo desde la coronilla hasta la punta de los pies quedando completamente relajada. Cuando hubo acabado Blanca sacó un cuaderno y un boli y se lo tendió a Sofía con una sonrisa.

- Me siento muy inspirada. Creo que esto va a funcionar. Voy escribirle una carta de despedida y a desearle lo mejor. Incluso creo que le voy a dar las gracias por lo que he aprendido a su lado.

- Esa es la actitud. Así vas a superarlo antes de lo previsto. Tampoco te enrolles, sé concreta y según vayas escribiendo toma conciencia de cada palabra. Pronuncia cada frase mentalmente para que tome fuerza.

Sofía se sentó un rato a solas. Buscó inspiración en las suaves formas del espejo azul del agua. Estuvo un buen rato escribiendo mientras su amiga, tumbada en la arena se perdía entre borreguitos blancos que trotaban por el cielo.

-
Ya estoy lista. ¿Qué hago ahora?

- Lo que te salga de adentro. Creo que va a funcionar mejor si te dejas llevar y lo haces todo con el corazón.

Sofía sacó una foto de 18 x 24 en la que Carlo parecía un actor de cine. Era un retrato de estudio que reflejaba a un guaperas de mirada tierna y una medio-sonrisa cautivadora. Se quedaron las dos embobadas mirándolo un buen rato.

En el reverso de la foto una letra cuidada rezaba:

Per la più bella ragazza del mondo del suo Principe Azzurro

Carlo

P.D. Spero ansiosi di ricevere la tua lettera.

Carlo Marini
Via Avidio Cassio 6. Roma 00175 Italia

Blanca le arrebató la foto a su amiga para evitar que ésta agarrara el móvil y marcara el prefijo de Italia.

-
Muy bonito. Espero que se de cuenta de la mujer que ha perdido.

Sofía respiró hondo y decidida caminó hasta la orilla. Abrió la carta y con voz firme recitó su propósito de empezar una nueva vida, lejos de aquel galán que no era capaz de jugársela por ella. Lanzó sus palabras con energía a lo más alto. Dos mariposas cruzaron ante ella y se alejaron arrastrando sus palabras, haciendo espirales y cabriolas hasta perderse en el horizonte. Después envolvió una piedra con el papel y lanzó el paquete lo más lejos que pudo lago adentro.

Entonces miró a Carlo a los ojos y diciéndole adiós posó la foto en el agua y de un empujoncito la puso a navegar hacia el centro del pantano. La vieron alejarse azuzada por la brisa en ondas cada vez más amplias hasta convertirse en un reflejo más.

Después de unos minutos mirando al infinito una nueva Sofía esbozaba una sonrisa limpia y más segura.

-
¿Me cortas el pelo?

A un kilómetro de allí Esther se disponía a inmortalizar en su cuaderno las montañas que tenía frente a sí. A pesar del día soleado sus ojos reflejaban nubes de tormenta. Estuvo un rato haciendo trazos en el papel, hasta que de pronto arrancó la hoja y la convirtió en proyectil que arrojó con rabia a las azules aguas del pantano. Su bretón salió disparado y saltando de roca en roca llegó hasta la orilla donde el papel iba y venía sin decidirse a zarpar. Trepó de nuevo hasta su ama y dejó el papel a sus pies, moviendo el rabo esperando que lo tirara de nuevo. Ella se abrazó a su perro y empezó a llorar, a lo que su amigo respondió con un sin fin de lametones dejando sus mejillas secas en un momento.

-
Dime la verdad, eres un Príncipe Encantado. ¿Dónde tengo que besarte para que desaparezca el hechizo?

Lennon la miraba como si entendiera, con sus ojos miel reflejando a su ama en el centro del paisaje. Posó la pata en su hombro en un intento de abrazarla y ella le besó la cabeza esperando que apareciese su Príncipe.

- Mira que soy boba. Los Príncipes Encantados no existen.

Lennon ladeó la cabeza inquisitivo.

- No te enfades, tú siempre serás mi príncipe, el mejor que se puede tener.

Esther cerró lo ojos y respiró hondo tratando de buscar la calma. No podía seguir así. Su último fracaso sentimental había hecho de ella un ser huraño que se refugiaba en sus cuadernos y que no anhelaba más compañía que la de Lennon. No le gustaba el reflejo de sí misma, siempre triste, amargada.

Entonces tomó el lápiz y empezó a plasmar sus deseos en el papel, en versos desiguales y danzarines, al principio lentos, meditados, después rápidos y espontáneos, directos desde el corazón. Describió a su Príncipe con pelos y señales plasmando en cada letra los deseos más profundos. Una vez terminado lo leyó sorprendida y no pudo más que sonreír divertida ante aquel arranque de espontaneidad.

Llevada por la emoción recitó los versos al lago y las montañas. Después hizo un avión con el papel que lanzó con fuerza y tras trazar piruetas en el aire, fue planeando hasta posarse a varios metros de la orilla. Poco a poco la brisa lo fue arastrando hasta que sólo fue un puntito más en el agua.

Ahora se sentía mejor. Había sacado a la niña que llevaba dentro y había hecho algo hermoso. Se sentó de nuevo en la piedra y dejó que el sol hiciera cosquillas en su cara mientras observaba el paisaje con otros ojos.

La sacó del sopor el ladrido insistente de Lennon. Venía de abajo, junto al agua; se asomó desde lo alto y le vió ladrando a algo que se aproximaba lentamente.

- Lennon ven, sólo es un papel.

Pero el perro seguía ladrando. Lo vió saltar de roca en roca hasta llegar a la altura del objeto y con mucha habilidad lo recogió del agua y dió marcha atrás sin perder el equilibrio. Después escaló la roca y colocó con cuidado junto a su ama una fotografía tamaño cuartilla.

Esther se quedó sin habla. Allí estaba plasmada la imagen del hombre que había soñado. Sus ojos dulces, su sonrisa sincera le decían en otro idioma que esperaba ansioso una carta suya.

Y sin dudarlo un instante tomó su cuaderno y empezó a escribir.

11 comentarios:

Samuel Villena dijo...

Un cuentecillo precioso. Espero que Esther tenga mejor suerte de la que tuvo Sofía con ese hombre, Carlo.

Gracias Sigrid. Eres todo un mundo de inspiración.

Raquel Fernández dijo...

Precioso. Me emocionó mucho. A veces me sucede que leo algo y se me eriza la piel. Me pasó esta vez.
Y el nombre del perro me encantó, jajajjaja. GIVE PEACE A CHANCE!
Un beso muy grande.

K@ri.- dijo...

buenisimas!!!
GRACIAS por pasar... hermoso tu cuento.... a medida que leia me imaginaba cada personaje...quien no sintio alguna vez lo que cuenta esther o sofia, no? que lindo es el amor, con todos sus matices...
es muy, pero MUY lindo, leer tus creaciones.
gracias x compartirlas
... te leo desde hace unas pocas semanas, anoche comiendo peps me acordaba de tu cronica porteña! muy buena...
saludos desde bs as
k@ri.-

Andina dijo...

Sin duda es asi! ! El cuento relata perfectamente lo que pasa en la vida....cada vez que alguien deja algo, siempre hay otro deseoso de tomarlo, no?
Me encanto....!Cariños desde Neuquen!

Alatriste dijo...

Tengo problemillas para seguir el ritmo en esto del blog. Lo he explicado en mi desván.
Así que quería avisarte para que no vayas a pensar que me olvidé de ti. Ni mucho menos.
Espero volver pronto y que tanto ajetreo termine cuanto antes.
Un abrazo enorme, cuídate mucho y espero que sepas perdonarme.

Gastón Martorelli dijo...

He aquí un suceso importantísimo, de relevancia en el ambiente bloggero. AL FIN, PUDISTE ENLAZAR OTROS BLOGS!
Muy buena la cirugía estética, recién me doy cuenta de ella.
Por otra parte, en el cuento te noté muy espiritual, muy esotérica. Puede que sea una persepción equivocada.

Un placer leerte, solete.
Un beso y cariños múltiples.
Gasti

Gastón Martorelli dijo...

Ya se, dirás que soy un solete pero con R. A mis direcciones de los blogs le faltan los guiones (cuarto-menguante / el-colectivo-imaginario).

Perdón por corregir, de intriga me metí a tus enlaces para ver como aparecía mi blog, y saltó error.

Un beso Sigrid.

hawwah dijo...

qué hermosa y mágica historia, Sigrid!¿no tiene "to be continued"?

(me ha encantado la imagen de las mariposas alejándose con sus palabras entre espirales y cabriolas hasta perderse en el horizonte)

besos de soñadora a soñadora
viajando por un cielo de sueños
con forma de nubes:)

Gastón Martorelli dijo...

En Argentina, currar no es trabajar precisamente. Es hacer algo "a lo porteño", con un poco de chamuyo, desfachatez y otras características de esa índole. Cuando aquí alguien hace algo de esa manera, decimos que estamos currando.
Yo, escribiendo y firmando, estoy haciendo eso. Mientras otros curran (trabajan como vos), yo curro (sin moral).

A propósito, me imaginé que eras Sofía, puede que me haya equivocado.

Besos solete, y que sigas currando.

lunazul dijo...

¿Causalidades?... jejeje!

Precioso el cuento, me ha encantado :)

Un abrazo, Sigrid :D

Alatriste dijo...

Las casualidades existen, el azar está siempre ahí fuera, rondándolo todo y tú lo plasmaste con ese encanto que te caracteriza a la perfección.
Ojalá ambas chicas sean felices, una olvidando y la otra encontrando.
A mí me toca realizar los dos caminos todavía.
Tendré que ir a ese lago de los deseos a ver si tengo suerte. Acuérdate de mandarme un mapa con la ubicación.
Me encantó la historia, amiga y es que echaba mucho de menos visitarte.
Cuídate un montón y espero que el verano vaya bien.
Hasta pronto.